No es lo mismo…

No es lo mismo…

No es lo mismo…

 

…ser que estar como cantó Alejandro Sanz que estar dormido o estar durmiendo como se dice que dijo Camilo José Cela en la Cortes españolas.

No es lo mismo aprender que enseñar

Extracto

Como explica John Medina en su libro Brain Rules, “si quisieras crear un entorno de aprendizaje que fuese directamente opuesto a lo que el cerebro es bueno en hacer, probablemente diseñarías algo parecido a una clase. Si quisieras crear un entorno de negocio que fuese directamente opuesto a lo que el cerebro es bueno en hacer, probablemente diseñarías algo parecido a una oficina“. Si por el contrario creamos entornos de aprendizaje -que no de enseñanza- que sean centrados en el alumno y su diversidad, activos, experienciales, contextuales, sociales, divertidos, que invitan al descubrimiento, reflexión y la prueba y error sostenido en el tiempo, estaremos contribuyendo al aprendizaje de las personas y de las sociedades y entonces el aprendizaje serviría para lo que sirve, para favorecer el crecimiento personal y el cambio de nuestras conductas, y todo esto se llamaría aprendizaje y mejora continua.

Pues bien, en el ámbito de la educación tampoco es lo mismo aprender que enseñar. Como indica John Medina en su libro Brain Rules, si los responsables de las empresas y de las instituciones educativas escucharan a los neurocientíficos, los entornos actuales de aprendizaje y de rendimiento no serían casi opuestos a lo que la ciencia sugiere que deberían ser. Y es que no hace falta ser Ken Robinson –@SirKenRobinson– ni Kolb – para darse cuenta de que la enseñanza, la educación y la formación están obsoletas; miremos donde miremos, preguntemos donde preguntemos, hoy por hoy, poca gente discute que el modelo tradicional, transmisivo, presencial, descontextualizado y de un sólo impacto basado en la memorización y en la evaluación a base de exámenes no funciona. Y es curioso, porque existen sobrados estudios, teorías y base científica para crear infraestructuras y elementos pedagógicos que favorecen el aprendizaje.

el modelo tradicional, transmisivo, presencial, descontextualizado y de un sólo impacto basado en la memorización y en la evaluación a base de exámenes no funciona

A continuación, exponemos algunos “no es lo mismo” que ilustran lo que es y lo que podría ser la formación como vehículo de apoyo al aprendizaje.

  • enseñanza vs. aprendizaje

Los profesores enseñan y los alumnos aprenden; en el primer caso, los alumnos, pueden o no aprender y en el segundo los profesores pueden o no enseñar. El concepto de “enseñanza” está basada en el paradigma de que el profesor sabe algo que el alumno no sabe, que el alumno es un vaso vacío que precisa ser llenado con la sabiduría que el profesor tiene y que transmite al alumno. Aquí el conocimiento se equipara a la “información”.

En el paradigma del aprendizaje, el alumno es el verdadero centro, no es un vaso vacío sino un ser que ya ha tenido una serie de experiencias vitales y que por lo tanto trae consigo un bagaje de conocimiento. El aprendizaje es una experiencia personal del alumno y el conocimiento no es meramente información, sino que se trata de la interpretación que el alumno ha dado a la información tras descubrirla, reflexionar y ponerla en práctica mediante un proceso de prueba-error-corrección. La información no está exclusivamente en el profesor, sino en todo lo que nos rodea, y hoy, en día, además, muy accesible y disponible en internet. La red de redes contiene más información que la suma de todos los profesores del mundo y de todas las enciclopedias del mundo. Y está ahí, al alcance de la mano, el alumno puede transformarla en conocimiento, en aprendizaje mediante un proceso de reflexión y puesta en práctica. De hecho, los seres humanos aprendemos en todo momento, en cualquier lugar y no sólo en el aula o durante una formación formal, de hecho, aprendemos hasta cuando no somos conscientes de que lo hacemos (ver Aprendizaje Invisible de Cobo).

En realidad es el alumno el que aprende y no el profesor el que enseña; el sujeto del aprendizaje es el alumno, no el profesor. En el modelo tradicional de enseñanza, el profesor hace todo el trabajo: explica, escribe en la pizarra, pregunta, contesta preguntas, etc. El alumno se sienta en la silla, y en el mejor de los casos toma apuntes de lo que dice el profesor. Con este modelo, lo mejor que podemos obtener es un alumno que obedece, que adquiere la información transmitida y la reproduce en forma de examen. Ese alumno “reproductor” o “grabadora” probablemente incluso sacará buena cualificaciones en sus estudios, pero aprender, aprenderá poco.

el alumno es el verdadero centro

La educación tradicional está centrada en el profesor: el profesor se pone en el centro, elevado, delante de toda la clase que le mira y le escucha como si fuese un oráculo. El profesor dicta lo que se transmite, cómo se transmite y cómo evaluará el éxito de la adquisición de lo transmitido. Es omnipotente y busca “impresionar” con su conocimiento y dominio de la materia. Pero en realidad, la enseñanza existe para que el alumno aprenda, es la razón de ser de la enseñanza. Los estudiantes tienen diferentes estilos de aprendizaje, diferentes ritmos, diferentes habilidades y fortalezas y hoy en día no necesita tanto de un docente que sea un experto en cierta materia, que sea un pozo de sabiduría, sino que sea un facilitador, un tutor, un mentor, un coach, un guía en el descubrimiento y aprendizaje del alumno, que apoye y facilite que el alumno viva el proceso de aprendizaje como lo que es, una experiencia personal.

El aprendizaje es un proceso personal, implica una responsabilidad propia de involucración, de toma de decisión, de esfuerzo, de prueba y de error. Cuando el alumno asume un reto, busca sus fuentes, descubre información relevante, resuelve un problema que le preocupa, reflexiona, prueba, se equivoca, corrige y vuelve a probar, el alumno aprende, cambia, modifica su conducta y crece y todo ello es un proceso activo y responsable.

el alumno aprende, cambia, modifica su conducta y crece y todo ello es un proceso activo y responsable

  • transmisión vs. adquisición/ descubrimiento

Desde niños aprendemos mediante el descubrimiento, la búsqueda, la observación y la exploración. Aquello que descubrimos como solución a un problema, duda o necesidad, lo aprenderemos mucho mejor que aquello que nos cuentan sin más. Por ello, es mucho más poderoso que el alumno descubra el conocimiento por sí mismo que que se le transmita.

  • de golpe vs. sostenido

Es sabido hoy en día que aprendemos mediante la práctica y la repetición. La tónica general en el ámbito de la formación empresarial es la de organizar un curso para un tema determinado (liderazgo, gestión de equipos, etc.) con una duración de unos días y con un calendario intenso en transmisión de conocimientos. En el mejor de los casos, el curso incluye algún tipo de simulación o role-play. Pasado el periodo del curso, normalmente, observamos que los comportamientos de los alumnos han variado poco o bien nada; es cuando decimos que el curso ha tenido una transferencia limitada. Pues bien, ello no debería ser sorprendente si tenemos en cuenta cómo funciona el cerebro humano, sus hábitos y comportamientos. Un comportamiento -un hábito- cambia cuando se dan una serie de parámetros: que exista la motivación para el cambio, que se aprenda el nuevo comportamiento y que se practique hasta que se convierte en un nuevo hábito. Pues bien, desde esta perspectiva, es mucho más eficaz sostener en el tiempo un determinado aprendizaje, lograr varios impactos en el tiempo que un sólo impacto. Por otro lado, el aprendizaje requiere un proceso de práctica y reflexión, no basta con la mera transmisión teórica. Por todo ello, es preferible organizar una actividad formativa alrededor de una actividad relevante y contextualizada, dejar un tiempo para la reflexión y observación, la práctica y la repetición hasta que el comportamiento deseado se convierte en un hábito. De aquí que sea mucho más eficiente tomar el aprendizaje como un proceso de “sorbos”, un poco cada día o cada pocos días que un atracón de una sola vez.

mucho más eficiente tomar el aprendizaje como un proceso de “sorbos”, un poco cada día o cada pocos días que un atracón de una sola vez

  • teoría descontextuada vs. práctica/ experiencia contextual

Se atribuye a Confucio la cita “Me lo contaron y lo olvidé; lo vi y lo entendí; lo hice y lo aprendí”. Hoy en día casi nadie pone en duda que el verdadero aprendizaje, el de mejor calidad es el experiencial, el que se adquiere con la práctica. No merece la pena ahondar en lo que parece una obviedad, sólo cabe preguntarse, si es así, ¿por qué nuestros sistemas educativos y formativos incluyen tan poca práctica? ¿Por qué la mayoría de los docentes tienen poco conocimiento práctico sobre lo que enseñan? Nuestros sistemas educativos premian a potenciales doctorandos y eruditos y pierden en el camino a personas más prácticas, ¿tendrá algo que ver con quién enseña?

¿Cómo aprendemos mejor a conducir?, ¿leyendo un libro sobre cómo se conduce o conduciendo? ¿No sería mejor complementar el aprendizaje sobre los ríos, por ejemplo, yendo a visitar uno y ver in situ cómo es? Por otro lado, los seres humanos aprendemos mejor cuando necesitamos aprender. Será mucho más útil que me lea el libro sobre cómo conducir al mismo tiempo o poco antes de salir a hacer prácticas de conducción que si leo el libro 6 meses antes, o incluso será mejor que haga una prácticas poco antes del examen de conducir que meses antes. Esto, que parece una obviedad, a menudo y sobre todo en la formación empresarial o en la facultad, por ejemplo, no lo hacemos así.

Para lograr un aprendizaje real, efectivo y sobre todo, útil, éste será mucho más poderoso si se realiza lo más cerca posible del contexto en el que queremos que se produzca el aprendizaje tanto en el tiempo como en la situación. No siempre podremos aprender haciendo, como es el caso de pilotar un avión, pero cuanto más cercana a la realidad sea la simulación mejor; será mejor simular pilotar un Aribus A300 si luego se va a pilotar ese avión que hacer la simulación de un Boeing. Lo mismo ocurre, por ejemplo con la formación en habilidades directivas, mejor aprender con situaciones reales del entorno real del alumno al tiempo que se deben de utilizar dichas habilidades que en una clase teórica en un momento que no aplica.

Al final, lo que necesitamos es estar lo mejor armados posibles para enfrentarnos a situaciones y problemas reales de la vida, en el aprendizaje, el contexto lo es todo.

Me lo contaron y lo olvidé; lo vi y lo entendí; lo hice y lo aprendí

  • individual vs. comunidad/ social

Hay cada vez más evidencia científica de que, como seres sociales que somos, aprendemos mejor en grupo, socialmente, compartiendo el conocimiento. Dicen que 4 ojos ven más que 2 y que 8 más que 4. No sé si realmente ven más, pero seguro que ven distinto. Cada uno de nosotros percibimos la realidad de una manera personal. El intercambio de puntos de vista enriquece nuestra perspectiva y nuestro aprendizaje. En un modelo formativo tradicional transmisivo y centrado en el profesor, el flujo de información es unidireccional, del profesor al alumno. En un modelo social de aprendizaje, la información fluye en red entre todos los miembros de la comunidad de aprendizaje, entre todos los alumnos y el docente en varias direcciones favoreciendo la exposición de diferentes puntos de vista, perspectivas y reflexiones. ¿Cómo será el aprendizaje de un alumno que se le pide que enseñe un contenido determinado al resto de compañeros? Sin duda, más profundo y reflexivo, esta técnica del “aprender enseñando” es un recurso pedagógico realmente potente.

Ahora comparemos este aula de individuos más o menos homogéneos geográfica y culturalmente con la posibilidad de compartir puntos de vista y opiniones con personas de todo el mundo con características diversas. Pues bien, hoy en día, ello es posible con las redes sociales digitales. El aprendizaje será, nuevamente cuanto más efectivo cuanto más social y colaborativo sea.

Teoría del Aprendizaje Social

  • Aburrido vs. Divertido

¿Qué pasaría si aprender fuese divertido en lugar de aburrido? Hoy en día se habla mucho del trastorno por deficit de atención con hiperactividad (TDAH), de que los niños no tienen disciplina, no se concentran en clase, etc. Pues bien, cuando estoy en una reunión o clase, aburrida, sobre un tema que me interesa poco, con un profesor/ponente que habla sin parar, sin oportunidad de interactuar, yo también tengo TDAH… Hay varios estudios neurocientíficos que demuestran que las personas tenemos una capacidad de concentración limitada en el tiempo -algunos minutos-. Los guionistas de películas, de series, los escritores de libros, de obras de teatro, de anuncios televisivos se esfuerzan por captar nuestra atención, por divertirnos y entretenernos porque si no lo hacen, los apagamos, nos vamos del cine o cambiamos de canal. Pues bien, lo mismo hacemos cuando somos alumnos y nuestra clase es aburrida. La próxima vez que un profesor se queje de que sus alumnos tienen déficit de atención, preguntémonos si no será que el profesor tiene déficit de diversión e interés.

Como explica John Medina en su libro Brain Rules, “si quisieras crear un entorno de aprendizaje que fuese directamente opuesto a lo que el cerebro es bueno en hacer, probablemente diseñarías algo parecido a una clase. Si quisieras crear un entorno de negocio que fuese directamente opuesto a lo que el cerebro es bueno en hacer, probablemente diseñarías algo parecido a una oficina“. Si por el contrario creamos entornos de aprendizaje -que no de enseñanza- que sean centrados en el alumno y su diversidad, activos, experienciales, contextuales, sociales, divertidos, que invitan al descubrimiento, reflexión y la prueba y error sostenido en el tiempo, estaremos contribuyendo al aprendizaje de las personas y de las sociedades y entonces el aprendizaje serviría para lo que sirve, para favorecer el crecimiento personal y el cambio de nuestras conductas, y todo esto se llamaría aprendizaje y mejora continua.

Fuentes:

Medina, J. Brain Rules: 12 Tips for Surfing and Thriving at Work, Home, and School. Pear, 2008.

Cobo, Romaní Juan Cristóbal., and John Moravec W. Aprendizaje Invisible: Hacia Una Nueva Ecología De La Educación. Barcelona: Publicacions I Edicions De La Universitat De Barcelona, 2011.


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