Liderazgo Personal

Liderazgo Personal

fish-crop-thumb

No es lo mismo la Culpa – Imputación a alguien de una determinada acción como consecuencia de su conducta – que la ResponsabilidadCapacidad existente en todo sujeto activo de derecho para reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente -.

Ya sé que este tema está más que tratado y manido…, pero es siempre importante recordarlo y sobre todo aplicarlo.  Generalmente, cuando se habla de liderazgo, se suele hacer referencia a la capacidad o habilidad de hacer que otros te sigan.  ¿Y qué tal seguirnos a nosotros mismos?  Covey lo dice claramente en su libro “Los 7 Hábitos de la Gente Altamente Efectiva“, antes de llegar a la “Victoria Pública, hay que conseguir la Victoria Privada”.  Y la victoria privada no es más que el liderazgo personal, proponerse unos objetivos, priorizarlos, planificarlos e ir a por ellos desde el concepto de la Proactividad o responsabilidad personal.  ¿Y qué significa todo esto?

¿Y qué tal seguirnos a nosotros mismos?

La responsabilidad personal es la idea de que cada uno somos, en última instancia, dueños de nuestras vidas, que independientemente del entorno que nos toca vivir, cada uno decidimos lo que hacemos.  “No sé inglés porque no me lo enseñaron en el colegio”, “Es que no puedo salir porque tengo hijos”, “Es que no puedo hacer ejercicio porque no tengo tiempo”, “Es que no tengo trabajo porque no me contratan”, etc…  Todas estas frases – y muchísimas más – muy frecuentemente usadas ponen la responsabilidad de lo que nos pasa fuera de nosotros mismos, es culpa de otro.  Son los famosos “esque”.  Si no me enseñaron inglés en el colegio, quizá pueda aprenderlo ahora.  Y sí, sí que tenemos tiempo para ir al gimnasio, tenemos unas 17 horas al día para hacer lo que queramos.  Lo que ocurre es que no elijo ir al gimnasio, prefiero dedicar mi tiempo a hacer otras cosas: ir a trabajar, descansar en el sofá, quedar con amigos, leer, ver la tele, etc.  Fuera de una serie de fuerzas naturales, de unos determinantes absolutos – la gravedad y Hacienda, por ejemplo -, nosotros decidimos.  Claro que nuestro entorno nos impone limitaciones y condicionantes, sin embargo el mayor limitante está en nosotros mismos, en nuestras creencias sobre el mundo que nos rodea y sobre nosotros mismos.  Y claro que nuestras decisiones tienen consecuencias, y esas consecuencias necesitamos preverlas y aceptarlas.  Si no voy a trabajar, posiblemente me despedirán y me quedaré sin trabajo y sin dinero para pagar el gimnasio, por ejemplo.  Pero aún así, es mi decisión.

Fuera de una serie de fuerzas naturales, de unos determinantes absolutos – la gravedad y Hacienda, por ejemplo -, nosotros decidimos.

A veces nos encontramos impelidos por nuestros sentimientos y emociones.  “Fulanito me hace enfadar”, “Me pones nervioso”, “Mi marido me alegra el día”.  No, en realidad yo me enfado cuando Fulanito me dice que soy torpe; y yo me dejo influir por el comentario de Fulanito, porque a mí me importa lo que Fulanito diga de mí y además, probablemente le creo porque en el fondo yo me veo torpe.  Si yo no me veo torpe, entonces me importará poco lo que diga Fulanito y no me enfadaría.  Aún si me viera torpe y no me importara serlo, no me importaría lo que dijese Fulanito; incluso si me veo torpe y me importa y me afecta lo me diga Fulanito, podría pensar que la torpeza se puede cambiar, pensar cómo ser menos torpe y ponerme a ello. Entonces quizá el comentario de Fulanito no lo vea como un insulto sino como una oportunidad para cambiar.  Incluso si todo eso no funciona, y efectivamente me enfado cuando Fulanito me dice que soy torpe, puedo decidir qué hago con ese enfado: me puede servir para preocuparme, me puede servir como motor a la acción o me puede servir para aceptarlo y decidir que no me afecte más.  En un “Fulanito me hace enfadar” hay un montón de decisiones que más o menos conscientemente estamos tomando; trayendo esas decisiones a nuestra consciencia y manejándolas, somos más libres, más dueños de nuestras vidas, y más líderes.

A veces nos encontramos impelidos por nuestros sentimientos y emociones

Muy bien, ¿y qué hago con todo esto? Para empezar puedes reflexionar sobre qué es realmente lo que quieres, qué ganarás y sentirás cuando lo consigas, cuánto estás dispuesto a priorizarlo, cuánto estás dispuesto a invertir en lo que quieres y renunciar para conseguirlo.  Después puedes prever los obstáculos, los esques y los peros que te vas a encontrar, y decidir qué vas a hacer cuando te los encuentres. Entonces lo pondrás en tu agenda y tomarás el primer paso, y después el siguiente y así hasta que lo consigas…, o no.  Quizá cuando hagas la reflexión, te des cuenta de que realmente no lo quieres, de que no estás dispuesto a poner de tu parte lo necesario o a renunciar a otras cosas o que los obstáculos son insuperables.  Tanto si decides intentarlo o no, esta reflexión te hará seguramente sentir mejor; si lo intentas y lo consigues, te sentirás mejor, si lo intentas y no lo consigues, también te hará sentir mejor.  Lo que no te hará sentir mejor, es pensar que quieres algo, no intentarlo y culpar a los demás, verte como una víctima de los demás, del entorno.  El camino se hace andando y sólo el hecho de sentir que estás en el camino correcto, el que tú has elegido y recordar en las dificultades qué tratas de conseguir y para qué, hará que te sientas bien contigo mismo y con el entorno que te rodea.

!Persigue tus Sueños!


Recent Posts:

Leave a Comment

Post

Abrir la barra de herramientas